Ausentes de sus arenas las
hamacas y sombrillas y borrado de sus accesos el veraniego pegote de coches
aparcados, las playas y calas son remansos de paz que gozan la benevolencia del
invierno. Entre un silencio solo roto por el sordo rumor de las olas y el
susurro de la brisa tornan a sus orígenes. Con las puertas de apartamentos,
chiringuitos y bares cerradas, sólo el trasiego de unos pocos pescadores rompe
el hechizo de una soledad llena de mar. Son tentadores paraísos para cuerpo y
mente.
Los nietos procuran
sonrisas. Encontrarse con los hijos de nuestros hijos es siempre grato y enriquecedor
para ellos y para nosotros. Existe un cariño innato que une a abuelos y nietos
de forma diferente al que se tienen padres e hijos. Para los nietos el abuelo suele
ser una figura importante y a veces su mejor amigo. A pesar de lo independiente
de mi talante, me siento especialmente feliz cuando estoy con mis dos nietos.
Yo retrocedo en el tiempo mientras ellos avanzan en el suyo.
El simple gesto de pronunciar
o escribir la palabra gracias ennoblece. No debemos ignorar a quienes hacen más
rica nuestra existencia. A los que nos ayudaron en algún momento o simplemente
comparten gustos, ideas o afectos. Todos ellos nos procuran placer y merecen un reconocimiento. Considero
indignante que alguien olvide practicar un gesto tan elemental y sencillo.
Ejercitarme en el agradecimiento es algo que me produce satisfacción. ¡Y cuesta
tan poco llevarlo a cabo!
El corazón está hecho para
sentir afecto. Para que se nos quiera como un ser único y especial. Cuando esto
no ocurre, debemos asumir la tarea de apreciarnos a nosotros mismos para no
sucumbir a los fantasmas de la depresión y la ansiedad, A veces nos cuesta
encontrar sentido a aquello que nos rodea y hasta justificar aquello en que creemos,
pero siempre es más importante lo que de uno mismo se siente que lo que puedan
pensar los demás. Me gusta sentirme apreciado y aceptado tal cual soy.
Me
gustan los chistes cortos, directos e incisivos que crean ese shock genial que
abre la sonrisa y provoca la carcajada
Son preciados frutos de la gracia infusa. Un tesoro del ingenioso acervo
de las mentes ágiles. El chispeante latigazo con que fustigan mis neuronas me resulta
lenitivo y sedante. Envidio especialmente el don sutil de quienes los hilvanan
dándoles suelta en hilarante letanía. Tras estos recitales de jocosas
ocurrencias me siento optimista y feliz. Desternillarse de risa lo cura todo.
Regalar es un placer
para quien obsequia tan solo superado por
el gozo de quien recibe. Tiernos, firmes o nudosos, nuestros dedos arrancan con
nerviosa torpeza el envoltorio que los cubre mientras en los ojos chispea el
brillo de la ilusión. Me gusta contemplar esa especial expresión entre sorprendida
y anhelante en un rostro estimado. De niño me encantaba recibir cualquier
regalo pero con el paso del tiempo he aprendido que regalar puede ser una
actividad mucho más satisfactoria.
El relieve ondulado de las lejanas sierras o el filo
pétreo de las enhiestas moles de los acantilados marinos sugiere una variada gama de formas al observarlos
a cierta distancia. Al igual que el lento discurrir de las nubes por el cielo, evocan
fantasmagóricas figuras cuyos trazos atizan el fuego de la imaginación. Adivinamos
animales monstruosos, rostros demoníacos
y hasta contornos que nos son familiares. Es un regalo de la madre naturaleza.
Un juego de la fantasía al que nunca me resisto.